¿QUE BENEFICIOS TENEMOS POR VIVIR EN CIUDADES + INTELIGENTES?

En Latinoamércia, Uruguay es el país con el valor mas caro de la energía eléctrica por MWh residencial según los datos publicados por SEG Ingeniería en agosto de este año. Si los uruguayos pudieran saber en tiempo real el gasto energético que están realizando seguramente cambiarían sus patrones de consumo. La optimización del consumo energético y una óptima gestión de los recursos son algunos de los varios beneficios de vivir en una ciudad + inteligente. Permite a los ciudadanos actuar e intervenir en diferentes procesos de toma de decisión relacionados con la sostenibilidad y la eficiencia energética de las ciudades y de sus hogares.

Según la ONU, en el año 2050 el 68% de la población mundial vivirá en ciudades, actualmente lo hace el 55%. Esta creciente concentración de poblaciones devendrá en nuevos retos y necesidades. El aumento del consumo de recursos, una mayor movilidad y transporte, la necesidad de reducir la huella de carbono y el devenir de la participación ciudadana en decisiones que le afecten serán algunos de los problemas futuros. Algunas ciudades alrededor del mundo ya se han puesto a trabajar en este ámbito y las mismas ya figuran en el Indice Cities in Motion 2018, creado por la Escuela de Negocios de la Universidad de Navarra.

Las ciudades + inteligentes pretenden mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y "conectarse con ellos".

Gracias a Big Data y el Internet de las Cosas (IoT) se recolectan y analizan millones de datos para tener un conocimiento casi instantáneo de todo lo que sucede en un entorno urbano. Esta conexión entre ciudad y tecnología es la base para la creación de servicios y para quienes cohabitan en ella, ya sean ciudadanos, empresas o instituciones.


Según los expertos, los principales beneficios son:

Ciudades más participativas, en las que los ciudadanos toman a diario decisiones gracias a un nuevo modelo de gobernanza. Con una administración más ágil y accesible, por medio de sistemas de toma de decisionescon modelos de administración electrónica, dispositivos y objetos interconectados, se aumenta la participación de la ciudadanía y se da un uso más transparente y eficiente de los servicios y recursos.

Ya hay ejemplos de participación ciudadana donde los ciudadanos deciden en qué se gasta parte del presupuesto de su municipio.

La participación directa del ciudadano en las decisiones de su gobierno y rutas de tráfico más ágiles son algunas de las mejoras de vivir en ciudades inteligentes.

Ciudades más cómodas, en las que se agilizan los desplazamientos y se fomentan las energías limpias. Gracias a la tecnología, el ciudadano puede disponer de un transporte más eficiente mediante el conocimiento de rutas en tiempo real y con una gestión inteligente de los semáforos según el tráfico. Ya existen otras iniciativas que fomentan nuevos modelos de transporte (vehículo autónomo, vehículo eléctrico…), el uso compartido de vehículos (carpooling), sistemas de estacionamiento público, tarifado e inteligente mediante el teléfono móvil o infraestructuras para mejorar la movilidad (bicisendas, zonas de control de tráfico vehicular, supermanzanas, espacios peatonales).

Entornos urbanos eficientes, en los que no se desperdician recursos. Mediante la tecnología se implantan sistemas dirigidos al desarrollo sostenible y la eficiencia energética que racionalizan los consumos y evitan situaciones de falta de suministro en el entorno urbano. Esto incluye, entre otros aspectos, mejorar la calidad y diseño de los edificios, que se conoce como edificios inteligentes o smart buildings o utilizar soluciones de smart grids o smart waste.


¿Quién debe gestionar las ciudades inteligentes?

El desarrollo de las ciudades inteligentes o smart cities conlleva ciertos riesgos en su ejecución que pueden llevar al fracaso de los proyectos. Los profesionales cualificados con una formación interdisciplinar y en especial profesionales que posean posgrados o maestrías en Gobiernos Abiertos y Ciudades Inteligentes deberían tener un papel clave en estos proyectos y actualmente no siempre es así.

Los expertos alertan de que escoger a profesionales con una formación deficiente y falta de competencias para el desarrollo de las ciudades inteligentes puede llevar al fracaso de los proyectos.

Para avanzar seriamente sobre la importancia de los profesionales de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en el desarrollo de este tipo de ciudades, se debería fomentar la creación de una profesión regulada.


Un mal diseño de base puede llevar a servicios que no puedan ser escalables en el futuro, ni interconectarse con otros servicios, ni asegurar la privacidad, entre otros problemas.


De antemano te agradezco que compartas este artículo y así fomentar el conocimiento hacia el saber hacer de las Smarter Cities.


El pensamiento es el corcel, la razón el jinete (Aurore Dupin).

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