Para que desarrollar una ciudad inteligente

¿CIENCIA FICCION?

Los primeros esbozos de las smarter cities parecían de libros de ciencia ficción. Las autopistas mandan señales para cambiar sentidos de circulación de sus vialidades, justo antes de que comience a crecer el flujo de tránsito en las horas pico; las luces de semáforos se ponen en verde cuando existe un accidente así los servicios de emergencia pueden acudir rápidamente; los camiones recolectores de basura pasan exactamente cuando los contenedores están llenos y además cuando no molestan a otros vehículos. Los vehículos envían datos para poder planificar mejor los desplazamientos de todos en las calles, los edificios se conectan con la red eléctrica de la ciudad, las luces de las calles se encienden cuando realmente se necesitan.

La ciencia ficción puede ser optimista. En Buenos Aires comienzan algunos experimentos como ciudad inteligente. Se colocan sensores en las alcantarillas, para detectar si están a punto de taparse y enviar la señal a los equipos de limpieza y mantenimiento. En lugar de que las cuadrillas recorran todas las calles de Buenos Aires revisando una por una todas las alcantarillas, o que se gasten dineros de los contribuyentes en mantenimiento programado, el trabajo se realiza en el momento correcto, antes de que se convierta en un problema para el ciudadano.

El uso de datos se multiplica para hacer más eficiente la movilidad, la atención de emergencias y la planificación de nuevas calles. Hasta para definir cuándo hay que volver a pavimentar una calle o a qué hora del día es mejor hacerlo sin interrumpir ni el tráfico ni molestar el sueño de los vecinos con el ruido de las máquinas.

Los ciudadanos ya han probado cómo los datos les ayudan en su vida diaria con aplicaciones tan extendidas como Waze, que informa sobre las mejores rutas, o Uber, que permite saber cuánto tardará en llegar el vehículo que lo llevará a su destino. Esas mismas aplicaciones pueden compartir sus datos con autoridades o empresas para prestar mejores servicios.

En México ya lo hace Waze; en la emergencia del terremoto de septiembre de 2017, el Centro Nacional de Prevención de Desastres compartió información sobre albergues y centros de recolección de donaciones, que se incluyó en los mapas de la aplicación. También se espera compartir información con algunos de los servicios de emergencia o de recolección de basura de la ciudad, para trazar mejor las rutas.

En Río de Janeiro, se construyó una avenida después de analizar los datos de origen y destino obtenidos por la aplicación, que permitió reducir los embotellamientos de tráfico. Waze tiene la iniciativa Connected Citizens , para impulsar el desarrollo de este tipo de soluciones.



¿PUEDE UNA CIUDAD SER MÁS INTELIGENTE QUE SUS HABITANTES?

No se trata de adoptar la tecnología como un fin en sí mismo, sino como un medio para apoyar a las ciudades a dar mejores servicios a sus habitantes, lo importante es buscar la eficiencia operativa de una ciudad.

Cuando extrapolamos el término “inteligente” al contexto urbano, las características que lo definen deben ser son la capacidad de innovar, de razonar y de adaptarse al ambiente.

Las ciudades inteligentes no deberían de ser solo un sinónimo de tecnología o digitalización, sino que, ante estas valiosas herramientas, deberíamos hacernos primero, entre otras, las siguientes preguntas: ¿Qué papel debe jugar la tecnología en la solución de los problemas de carácter colectivo? ¿Todo avance tecnológico en nuestras ciudades es necesariamente inteligente? ¿En qué medida la tecnología ha contribuido a satisfacer las necesidades de la ciudadanía o a la solución de los problemas a los que nos enfrentamos diariamente?

Para que los avances tecnológicos contribuyan a incrementar o a mejorar la inteligencia de nuestras ciudades, deben apoyar a la gestión integral de las funciones urbanas, pues una ciudad inteligente no puede ser solo para el que pueda pagarla. La ciudad inteligente debe usar la tecnología para mejorar el entendimiento y la gestión de los problemas de todos, pero, más allá de eso, la ciudad inteligente no debe limitarse a desarrollar soluciones tecnológicas para nuestros problemas cotidianos, sino que debe procurar ir más allá de la tecnología.

Antes que la tecnología, es tan o más inteligente una ciudad con instituciones sólidas y empáticas, una ciudad cuyas condiciones de gobernanza están basadas en escuchar y en ejecutar soluciones para todos sus ciudadanos. Una ciudad inteligente no es inteligente por sus capacidades tecnológicas, es inteligente por su capacidad de aprovechar el pensamiento colectivo para el beneficio de todos.


LAS CIUDADES INTELIGENTES DEBEN FUNCIONAR COMO EMPRESAS

“Establecer objetivos de largo plazo y sin que su cumplimiento dependa de una temporalidad o de quién se encuentre a la cabeza del gobierno son los consejos para convertir a un lugar en una ciudad inteligente”, según Edwin Diender, vicepresidente de gobierno y sector público para Huawei; “el mayor error que tienen las urbes, hoy por hoy, al tratar de transformarse en smart cities es limitar sus objetivos al proyecto de alguien”.


El mercado de ciudades inteligentes actualmente se enfoca en planes para reducir el tránsito, automatizar labores cotidianas de las urbes o brindar mayor seguridad a los ciudadanos. De acuerdo con la consultora Frost & Sullivan, hacia 2025, el mercado de ciudades inteligentes tendrá un valor de 2.000 millones de dólares con el mayor foco en China; sin embargo, el documento destacó que ciudades en América Latina como Ciudad de México, Río de Janeiro o Buenos Aires traerán la mayor cantidad de proyectos de este tipo a la región.

© 2016/2020 - SMARTER CITIES